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Vida · Transición · 11 de mayo, 2026

La transición.
Cuando no sabes qué sigue.

Por Frank Mercado · Torices, Cartagena · Leído en ~7 min

Diciembre de 2023. Firmé los papeles, entregué el uniforme y salí de la Armada de Colombia después de nueve años. Sin fanfarria, sin plan claro, sin la certeza de que lo que venía iba a ser mejor que lo que dejaba. Solo con una formación técnica sólida, unas cuantas licencias y la pregunta que nadie te prepara para responder: ¿y ahora qué?

Lo que nadie cuenta de retirarse de la vida militar es que el problema no es la falta de habilidades. Es la falta de contexto. Adentro, todo tiene estructura. Horarios, jerarquías, funciones claras, un propósito definido desde arriba. Afuera, el mundo civil no tiene manual. Y si llevas casi una década funcionando dentro de un sistema, construir el tuyo propio desde cero es más difícil de lo que parece desde adentro.

Las Bahamas: el primer destello

En esa etapa de incertidumbre — recién retirado, sin saber exactamente qué rumbo tomar — surgió la oportunidad de trabajar un par de meses en las Bahamas, a bordo de un yate privado. No era un plan concreto. Era una puerta que se abrió y decidí entrar.

Fue una experiencia completamente distinta a todo lo que había conocido en la Armada. Otro nivel de operación, otro tipo de cliente, otra exigencia. Y me confirmó algo que ya intuía: yo podía moverme en ese mundo. El problema era encontrar la forma correcta de entrar a él de manera sostenible, desde Cartagena, con lo que tenía.

El plan que no funcionó

Mi primer plan fue convertirme en buzo industrial. Tenía el título de Buzo Inspector Naval de la Armada, experiencia real bajo el agua y el dominio del inglés para trabajar en el exterior. Parecía lógico: mi perfil encajaba con lo que empresas internacionales de buceo técnico e inspección submarina buscan.

Reuní todos los documentos. Los envié a los Estados Unidos. Homologaciones, títulos, certificados OMI. Esperé. Y la respuesta, cuando llegó, fue lo que ya temía: los títulos de buceo de la Armada colombiana no tienen el reconocimiento directo que necesitan para competir en ese mercado sin un proceso de revalidación costoso y largo. La puerta no estaba cerrada del todo, pero tampoco estaba abierta. Estaba trabada.

Eso duele de una manera particular. No es el fracaso de no haberlo intentado. Es el fracaso de haberlo intentado bien y que el sistema simplemente no esté hecho para ti.

Embarcando pilotos bajo la lluvia de Cartagena

Mientras eso se resolvía — o no se resolvía — entré a trabajar en Transportes Acuáticos PROMAR LTDA. como piloto de lancha. El trabajo consistía en embarcar pilotos prácticos en los buques mercantes que entraban y salían por la bahía de Cartagena. Jornadas extenuantes. Salario mínimo. Bajo la lluvia, bajo el sol, con la brisa seca de diciembre cortándote la cara a las cinco de la mañana en plena bahía.

No me quejo del trabajo. El mar siempre ha sido mi lugar, y hay algo en la operación de una lancha a toda velocidad hacia un buque de carga que todavía me parece con una dignidad propia. Pero sí me pregunté muchas veces, parado en esa lancha con el casco verde del buque delante, si ese era el techo o si era solo un piso temporal.

La relación que también terminó

En medio de todo eso, acabó una relación de seis años.

No voy a entrar en detalles porque no es lo que importa aquí. Lo que sí importa es lo que significa perder una relación larga al mismo tiempo que estás construyendo una identidad nueva. Cuando te retiras de la Armada, pierdes una estructura. Cuando termina una relación larga, pierdes otra. Y si las dos cosas pasan en el mismo período, hay momentos en que no sabes muy bien quién eres fuera de los roles que venías cumpliendo.

Lo que me salvó en ese momento fue lo de siempre: el cuerpo y la rutina. Seguí entrenando todos los días. Seguí comiendo bien. Seguí estudiando. No porque tuviera la claridad de que iba a servir para algo concreto, sino porque esas tres cosas son las que me mantienen funcional cuando todo lo demás está en el aire. El deporte no resuelve los problemas, pero te pone en el estado mental para enfrentarlos.

El Dip: saber cuándo seguir y cuándo soltar

Fue durante ese período que leí The Dip, de Seth Godin. Es un libro corto, de esos que se leen en una tarde pero que se procesan durante meses.

"The dip is the long slog between starting and mastery. The dip is the combination of bureaucracy and busywork you must deal with in order to get to the next level… If it were easy, there'd be no reward." — Seth Godin, The Dip

La tesis central de Godin es esta: los ganadores no son los que nunca renuncian. Son los que renuncian estratégicamente. Renuncian a las cosas que los llevan a un callejón sin salida — lo que Godin llama un cul-de-sac — y persisten en las cosas que tienen un dip, es decir, una caída temporal antes de una recompensa real.

La diferencia es crucial y no siempre es obvia desde adentro. El buceo industrial era un callejón. No imposible, pero el costo de revalidar títulos, reubicarse, construir reputación en ese mercado desde cero era desproporcionado con respecto al retorno posible en el tiempo que yo tenía. Abandonar esa ruta no fue rendirse. Fue leer bien el mapa.

Colombia Boat Detailing, en cambio, tiene todas las características de un dip verdadero. Es duro. El mercado local no conoce lo que ofrezco. Construir confianza con propietarios de yates toma tiempo. El capital propio pone presión constante. Pero cada uno de esos obstáculos tiene solución técnica: se resuelve con trabajo, con comunicación, con resultados que hablen solos. No es un callejón. Es una curva empinada con salida.

La disciplina que no negocia

Lo que más me sorprende de ese período — y de este también — es que la disciplina no se negocia con el estado de ánimo. Hay días en que entrenar no da ganas. Hay noches en que estudiar parece una pérdida de tiempo. Hay momentos en que el negocio no avanza y lo más fácil sería cerrar el computador y ver algo en Netflix.

Pero la Armada me enseñó algo que no se puede desaprender: la consistencia no depende de la motivación. La motivación es un recurso volátil. La disciplina es un sistema. Y los sistemas funcionan aunque no tengas ganas, aunque estés cansado, aunque el resultado no se vea todavía.

Hoy estoy estudiando Desarrollo Web y Marketing Digital de manera virtual. No porque sea fácil encajarlo con el trabajo en el muelle y el negocio, sino porque sé que lo que aprendo hoy lo aplico mañana. Cada herramienta nueva es una ventaja que alguien en mi posición no tiene por defecto. Y eso, acumulado en el tiempo, es lo que construye la diferencia.

La transición no termina

Dos años y medio después de retirarme de la Armada, todavía estoy en transición. Creo que siempre lo estaré. Y ya no me parece un problema — me parece la condición normal de alguien que no se conforma con donde está.

La Armada me dio la base. Las Bahamas me mostraron el estándar al que quiero llegar. El intento de buceo industrial me enseñó a leer bien el mapa antes de apostar. PROMAR me recordó lo que vale levantarse a trabajar aunque no sea lo que sueñas. La relación terminada me enseñó a conocerme sin el apoyo de nadie más. Y Colombia Boat Detailing es donde confluye todo eso: la técnica naval, el mercado que identifiqué, la disciplina que no se apaga y las ganas de construir algo propio desde cero.

No sé si esto es el dip o si ya estoy saliendo de él. Pero sé que no es un callejón.

Y eso es suficiente para seguir.

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Escrito por Frank Mercado — Fundador, Cartagena Boat Detailing.
Tecnólogo Electromecánico Naval · Torices, Cartagena, Colombia.